Reflexiones en tiempos de cambio

¡Hola, amigos!

Hace mucho tiempo que no escribo, es verdad. No sabía de qué escribir, o si seguir escribiendo, y a pesar de tener en mente una posible entrada, no encontraba ni el tiempo ni la creatividad que necesitaba para ponerme manos a la obra. Pero estos últimos días se me ha ocurrido algo de lo que hablar.

Esta entrada no va a tratar de cómo conseguir clientes, cómo no caer en las garras de un moroso o qué hechizos conjurar para que caiga del cielo el cliente con el que todo traductor sueña.

Me he mudado a Bruselas un tiempo y en mi primera semana, entre visita y visita a apartamentos y papeleos por aquí y por allá, me estuve replanteando mi vida, y es que el mundo de la traducción me está provocando más altibajos que una montaña rusa.HA

Me di de alta como autónoma no porque empezara a tener una cartera de clientes sustanciosa, sino porque la empresa de traducción para la que había trabajado antes me ofreció un puesto de freelance vendor manager a media jornada. Siempre les estaré agradecida, ya que gracias a ellos he podido sobrevivir a mi primer año de autónoma sin morir en el intento, y he conseguido clientes.

Pero ahora me enfrento a la vida de un autónomo de a pie: ¿ganaré algo este mes?, ¿me llegará algún proyecto con el que poder pagar el alquiler?, ¿me pagarán esa factura que venció hace varios meses?

Es duro ser autónomo, y aunque eso ya se sabía, igualmente decidí lanzarme a la aventura; cuando no persigo a los clientes para que me paguen, llamo al juzgado para preguntar por el estado del proceso monitorio que inicié contra un cliente moroso, escribo a mis clientes para recordarles que existo y que soy muy maja o escribo a empresas varias para ofrecer mis servicios y cruzo los dedos para que mi correo no vaya directamente a la papelera.

Y cuando te escriben para un proyecto o la tarifa es para echarte a llorar (de la risa, porque si lloro de rabia ya caigo en una depresión), o tienes que multiplicarte para cumplir el plazo o al final ese proyecto nunca te llega. Pero a veces Thinkgana el optimismo y pienso que sí es posible vivir de la traducción, que llegará el día en el que tenga clientes que me manden trabajo regular.

Me encanta traducir, me encanta realizar búsquedas terminológicas y aprender con lo que estoy traduciendo, pero la realidad suele superar esta pasión, y acabo pensando que tendría una vida más sencilla y unos ingresos más estables si tuviera otro trabajo.

Sé que con fuerza de voluntad, entusiasmo y buena actitud se puede conseguir mucho en esta vida, pero el mundo de la traducción cada vez me parece más inhumano: el autónomo es el último mono, a pesar de ser él quien hace el trabajo. Yo no quiero ser el último mono, no quiero tener que ir detrás de la gente para que me paguen, no quiero preguntarme todos los meses cómo me va a ir, no quiero dejar de tener vida social los fines de semana para hacer un proyecto urgente (que igualmente hay que hacer, porque si no lo hago, no gano dinero), no quiero que el corazón me dé un vuelco cada vez que la Seguridad Social y Hacienda le dan una paliza a mi cuenta.

¿Es posible vivir bien de la traducción, sin preocupaciones ni ataques al corazón? Puede que cuando ya tenga muchos años de experiencia y esté curada de espantos, mi vida profesional sea lo que siempre he deseado, pero no sé si merece la pena pasarlo tan mal y tirarme de los pelos cada dos por tres.

Siempre queda la opción de trabajar para una empresa, buscar un trabajo a media jornada que sea más estable, pasarme al mundo de la enseñanza (que me gusta mucho) o dedicarme a otra cosa completamente diferente. Siento que la traducción y yo tenemos una relación complicada: ni contigo ni sin ti, yo te quiero pero no soy correspondida.OMMM

Supongo que no soy la primera ni seré la última en plantearme estas cosas, tenía ganas de compartir con vosotros mis elucubraciones del momento. Si alguien quiere compartir su experiencia, aquí estamos para apoyarnos.

Las ventajas de ser “project manager”

La vida da muchas vueltas, unas cuantas. En tu cabeza tienes bien claro qué es lo que quieres hacer, qué no vas a hacer jamás de los jamases y qué te gustaría hacer si se dieran las circunstancias; llega el día en el que se te planta una muy buena oportunidad (que en tu mente siempre habías rechazado) y de repente te encuentras firmando un contrato. Eso fue lo que me pasó cuando me ofrecieron ser gestora de proyectos de traducción.

En la carrera, recuerdo a mis profesores decir: «Lo normal es que el primer trabajo de un
recién licenciado en traducción sea de gestor de proyectos y esté trabajando de eso unFelicidad tiempo hasta que se canse de no traducir, consiga experiencia y tenga el dinero suficiente como para darse de alta de autónomo y traducir». Yo tenía muy claro que ese no iba a ser mi futuro, que yo iba a encontrar un trabajo de traductora in house en una empresa y ser muy feliz con mi horario de oficina… claro que sí.

Después de haber estado más de seis meses de
gestora de proyectos, me doy cuenta de que lo que ya predecían mis profesores es lo mejor que me podría haber pasado. No era el puesto para el que había estudiado, no era mi sueño ni era algo que tenía planeado, pero ha sido una de las experiencias más enriquecedoras (y duras, todo hay que decirlo) que hasta ahora he tenido.

Puede que las tareas y responsabilidades de los gestores de proyectos varíen dependiendo de la empresa, pero siempre coincidirán en estos puntos: mantener una buena relación y un seguimiento cuidado con el cliente, recibir un proyecto, crear un presupuesto, dividir ese presupuesto según combinaciones lingüísticas y pasos en el proyecto, elegir a los traductores y demás participantes en el proyecto, gestionar plazos de entrega de forma que todo encaje a la perfección, solucionas problemas lingüísticos y técnicos, revisar que las traducciones estén correctas, entregar al cliente, hacer seguimiento y realizar controles de calidad.

MultitareaParece fácil, metódico, claro y lógico. Pero cada proyecto es un mundo, y no gestionas uno cada día, sino 8, 10 o 14, depende de la semana. Todo se puede complicar de un momento a otro, algo que el gestor sabe. Por eso, desarrolla unas capacidades que, en otra situación, probablemente no habría desarrollado.

En lo que respecta a la traducción, trabajar de gestor ayuda a conocer cómo es el mundo de la traducción por dentro, qué factores condicionan al traductor, con qué criterios elige un gestor a un traductor o a otro, qué le gusta al gestor que haga un traductor, qué no le gusta, cómo dirigirse a un cliente y cómo tratarlo, cómo negociar…

Además, como gestor uno aprende a ser más organizado, es capaz de prever problemas y soluciones a esos posibles problemas, se anticipa y piensa en el futuro próximo; consigue mantener la calma en momentos de estrés o pánico debido a un problema, y toma decisiones rápidas y con seguridad. Pero, en mi opinión, una de las cosas más importantes a nivel personal es que aprende a ganar confianza en sí mismo, porque consigue cumplir las expectativas del cliente, mantener una relación magnífica con sus traductores de confianza y transformar un presupuesto en una traducción de calidad.

Keep calmEs un trabajo que exige confiar mucho en los demás, a la vez que estar preparado para cualquier catástrofe que pueda ocurrir. Y es más, cuando el gestor de proyectos pasa a ser traductor, cuenta ya con mucha información de lo que ocurre tras un correo con una oferta de traducción, sabe cómo contestar a su nuevo gestor y qué detalles van a hacer que en el futuro consiga más trabajo.

Con esto no quiero decir que todo traductor deba ser antes gestor; con esta entrada, intento quitarle el miedo a aquellas personas que dicen «uy, no, yo no podría ser gestor, con lo desorganizado que soy…» (yo era de esas) y humanizar un poco la figura del gestor. Es un trabajo duro, sacrificado y, en muchos momentos, estresante, a la vez que enriquecedor.

Gestores de proyectos de traducción, ¿vosotros pensáis así también? ¿O tenéis una opinión completamente diferente? ¡Compartid vuestras impresiones! 🙂

¿Necesita un traductor tener tarjetas? ¡Sí!

Tarjetas

Hace bastantes meses, cuando empecé el Máster de Traducción Audiovisual, me diseñé e imprimí unas tarjetas. Quedaron muy bonitas, profesionales y bien guardadas en el fondo del cajón del escritorio. Varios compañeros míos, traductores en activo, tenían sus tarjetas y las iban repartiendo en ferias y empresas. En ese momento, pensé: «¿Para qué me he hecho yo las tarjetas?».

Justo al acabar el máster me di cuenta de que había hecho muy bien en imprimirlas, aunque estuvieran recogiendo polvo. Y es que hay una ecuación que todo traductor, sobre todo el recién salido de carreras y másteres, como yo, debe tener siempre presente:

Tarjetas + contactos + lugar y tiempo más insospechados = trabajo

¡Sí, sí, tal y como lo leéis! Las tarjetas, además de ser una forma práctica y a la antigua usanza de promocionar tus servicios, son una muy buena carta de presentación en aquellos momentos en los que no tienes tu CV a mano para entregárselo a un posible cliente ni el tiempo ni la confianza suficientes como para decirle que se apunte tu número en el móvil o que te busque por LinkedIn.

Tarjetas

Tener tarjetas es una forma de decir que eres profesional en tu trabajo, que sabes cómo moverte y que tienes la valentía y el encanto necesarios para acercarte a un desconocido y venderte a las mil maravillas. Y no solo desconocidos, pues no sabes en qué momento puedes encontrarte con alguien que pueda proponerte una colaboración. No es que nos vaya a pasar todos los días a todas horas (ojalá), pero siempre es bueno llevar contigo un papelito serio y vistoso que puedas entregar fácilmente para poder llegar a fin de mes.

Un ejemplo de lo útiles que pueden ser es lo que me pasó hace menos de un mes: un amigo de mi compañero de piso vino de visita, nos encontramos en la cocina y nos presentamos. Hablamos cada uno de a qué nos dedicábamos y resultó ser que él necesitaba una traductora y correctora para un proyecto; llegados a ese punto me preguntó: «Tú no tendrás una tarjeta, ¿no?». ¡Ajá! Su cara de sorpresa fue todo un poema, y también la mía cuando empezó a contarme todo el trabajo de traducción y corrección que necesitaba que le hiciera.

Además, otra utilidad que podemos dar a nuestras tarjetas es entregarlas junto con nuestro CV cuando hagamos un barrido de agencias, empresas, estudios, etc. Vale que una tarjeta es pequeña y puede que fácil de perder, pero también es muy manejable y más fácil de tener a mano.

¿Os he convencido para que os hagáis unas tarjetas? ¡Bien! Y ahora es cuando uno se pregunta: ¿qué pongo?, ¿cómo las hago?, ¿dónde?, ¿por cuánto? Keep calm! Muchos conoceréis ya MOO, una página web en la que puedes crearte tarjetas con unos diseños increíbles, pero también a precios un poco caros. Os propongo lo siguiente: ¿tenéis cuenta en about.me? ¿No? ¿A qué esperáis? Al hacerte una cuenta totalmente gratis en about.me, tienes acceso a una promoción especial de MOO con la que puedes crearte 50 tarjetas a partir de tu propio diseño por una cantidad que no supera los 6 euros (depende también de tus preferencias). Los pedidos llegan incluso antes de la fecha estimada, las tarjetas son de buena calidad y el servicio es excelente.

Lluvia de papeles¿Qué debemos poner en una tarjeta? Es evidente, pero no puede faltar nuestro nombre, a qué nos dedicamos ni con qué lenguas trabajamos. Como queremos que nos encuentren, debemos indicar, como mínimo, nuestro número de teléfono (con el prefijo internacional), nuestra dirección de correo electrónico y, si la tenemos, nuestra página web. Tenemos poco espacio para vendernos, y no queremos sobrecargar al lector con tanta información, por lo que debemos ser claros y directos. ¡Ojo con las faltas de ortografía! Imaginad que os tenéis que vender con unas tarjetas que dicen que sois «traductores de ingles»…

Ya sabéis, las tarjetas son muy útiles y pueden abrirnos muchas puertas. Llevadlas siempre encima y… ¡buena suerte! 🙂

¿Qué pasa con los derechos del traductor audiovisual?

La semana pasada tuvo lugar la ceremonia de clausura del Máster de Traducción Audiovisual, y en ella asistimos a una conferencia conjunta de ATRAE y DAMAATRAE (Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España) es una entidad que vela por los derechos de los traductores audiovisuales y que siempre está ahí para ayudar a resolver problemas. DAMA (Derechos de Autor de Medios Audiovisuales) es una entidad de gestión de derechos de propiedad intelectual.

Derechos de autorPor ejemplo, imaginad que nos llega una película de serie B de estilo un poco dudoso, y nos pagan X por la traducción; esa cantidad no nos permite comprarnos un cochazo de lujo, pero sí cambiar la lavadora. Ahora bien, resulta que esa película ha tenido un éxito tremendo e inesperado, y la distribuidora ha recaudado muchísimo más de lo que se imaginaba; encima, ha pagado muy poco por la traducción y adaptación, es decir, le ha salido un negocio redondo. ¿No es un poco injusto para el traductor y el adaptador?

Así pues, en la conferencia se nos concienció sobre nuestros derechos de remuneración en traducciones que hayamos hecho de productos audiovisuales publicados: emitidos en canales de televisión o en salas de cine, disponibles para alquilar en videoclubs (aunque ya no quedan muchos) o plataformas en línea o publicadas en streaming.

Aunque por norma general, en los contratos aparezca una cláusula de «renuncia a los derechos de autor», lo que debemos tener en cuenta es que los traductores audiovisuales contamos con unos derechos irrenunciables y de gestión obligatoria de recibir una remuneración por nuestro trabajo, diga lo que diga el contrato que hayamos firmado. Es decir, estos derechos no tienen que ver con que la distribuidora necesite nuestro permiso para realizar cambios en la traducción (a no ser que aparezca en el contrato), sino que versan sobre los beneficios que la distribuidora obtenga gracias a nuestra traducción.

Derechos de autorLa ley de protección intelectual dice que a cada parte que conforma un producto audiovisual (autor, director, literaria y musical) le corresponde un porcentaje de beneficios de derechos de autor, pero no dicta cómo se debe hacer esa repartición, por lo que las personas implicadas deben llegar a un acuerdo. La parte literaria está formada por: el guionista, el autor de la obra original (si el producto audiovisual está basado en una obra), el adaptador y el traductor, que van juntos. Así pues, el traductor audiovisual debe pactar con el adaptador qué porcentaje recibe cada uno.

¿Cómo funciona esta recaudación de los beneficios? El traductor comunica a la entidad de gestión de derechos qué obras ha traducido, y la entidad se encarga de averiguar si se han emitido tales productos, y en caso afirmativo, dónde y a qué hora, porque no es lo mismo un cine en el pueblo que un cine en pleno centro de Madrid, o emitir una película a las 4 de la mañana que en prime time. ¿Qué ocurre con las traducciones que hayamos hecho durante unas prácticas? Seguimos teniendo el derecho a reclamar nuestros derechos de remuneración, pero debemos ponernos en contacto con nuestro tutor de prácticas y asegurarnos de que la empresa en la que las realizamos no han recaudado los beneficios de nuestra traducción.

En conclusión, los traductores audiovisuales SÍ tenemos derecho a recibir una remuneración por la emisión de los productos audiovisuales que hayamos traducido. Para ello, debemos contar con la ayuda de una entidad de gestión de derechos de propiedad intelectual. Tampoco viene mal hacernos socios de una asociación de traducción, para así sentirnos respaldados en caso de problemas.

¿Por qué estudiar Traducción e Interpretación?

Intérpretes

¡Ya estamos en junio! Se empieza a saborear el calor, sacamos los pantalones cortos del fondo del armario y muchos alumnos se preparan para la temida selectividad. Con ella, surge la gran pregunta: «¿Qué carrera estudio?». Muchos tendrán ya las ideas claras, pero para los más indecisos o despistados, he decidido dedicar mi primera entrada a dar publicidad a los Estudios de Traducción.

Hay quienes siguen pensando que un intérprete actúa en los teatros, un traductor interpreta en la ONU, un traductor audiovisual pone las voces a los personajes en el doblaje y una persona con estudios de yoquesé que ha vivido un año en Londres puede ponerse a traducir obras literarias, porque «traducir es muy fácil».

¡Pues no! La carrera de TeI ofrece una amplia gama de posibilidades de estudio, desde Lingüística e Historia de la Traducción, pasando por la gramática inglesa (por ejemplo) y sus queridos idioms, hasta asignaturas como Técnicas de Interpretación Consecutiva. En TeI se adquiere la teoría de los Estudios de Traducción, nociones de documentación y terminología, la gramática, el vocabulario y la literatura de las lenguas con las que se trabaja, las diferentes modalidades de traducción y la técnica y práctica de los tipos de interpretación.

It's raining cats and dogs¿A quién puede interesarle TeI? No a todo aquel a quien le gusten los idiomas puede llegar a ser traductor o intérprete. Para ello, es necesario estar totalmente sumergido en la cultura de los países de habla de ese idioma, y comprender que los idiomas tienen distintas formas de concebir la realidad, y por lo tanto, distintos conceptos que no siempre son intercambiables. No se traducen o interpretan palabras aisladas, sin contexto, sino que se trabaja con conceptos ideas. Por ejemplo, it’s raining cats and dogs se puede traducir por «llueve a cántaros», una expresión en la que no aparecen ni gatos ni perros.

Hay que tener en cuenta lo siguiente:

  • El traductor no es un diccionario con patas.
  • No es necesario ser bilingüe.
  • El traductor se hace, pero nace con cualidades que lo capacitan para serlo.
  • Aunque no sepa todo el vocabulario de todas las lenguas de trabajo, conoce su gramática y ortotipografía y no se permite ni un solo fallo.
  • Consume literatura y productos audiovisuales en diferentes idiomas.
  • Está siempre en contacto con sus lenguas de trabajo.
  • Se renueva constantemente.
  • Su verbo favorito es «depende».

Con todo esto no quiero decir que para ser traductor o intérprete se debe estudiar única y exclusivamente TeI, sino que es necesario tener nociones de teoría de TeI para ser un profesional competente; por ejemplo, un filólogo sumergido en el mundo de la traducción puede ser un gran traductor.

¿Y para qué sirve estudiar TeI? Vivimos en un mundo en el que las empresas están en constante expansión. Para ello, necesitan adaptar sus productos a los distintos países y sus culturas. Por ejemplo, en tailandés Ikea significa «meter mano», y algunos nombres de sus productos tienen significados sexuales en este idioma, como el cesto Jättebra, que significa «sexo». Lo lógico hubiera sido que Ikea hubiese consultado los nombres de sus productos con los traductores tailandeses, para así poder evitar estos infortunios.

IntérpretesAsí pues, el traductor es importante para adaptar conceptos entre idiomas (internacionalización), permitir la comunicación entre personas que hablan diferentes idiomas, hacer posible que en una asamblea internacional todos puedan expresarse en su idioma materno y permitir que la cultura de un país llegue a otro. Novelas, poemas, cómics, mangas, guías de viaje, manuales de instrucciones, animes, películas, series, documentales, publicidad, etc., ¿qué sería de todos estos productos sin los traductores? Además, hay muchas otras salidas para un traductor: corrección, gestión de proyectos de traducción, enseñanza de idiomas, creación de bases de datos, etc.